* Las medidas adoptadas por el
Gobierno afectan a los colectivos, especialmente a las mujeres
* Profesiones feminizadas:
imprescindibles ante la crisis
Nora Fernández Fernández
SemMéxico/AmecoPress,
Madrid, 19 marzo 2020.- La crisis del coronavirus ha obligado al Gobierno a
tomar medidas extraordinarias y decretar el estado de alarma, que se ha visto
endurecido tras la aprobación en el Consejo de Ministros del Real Decreto-ley
de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto social y
económico del COVID-19. Esta norma refuerza las iniciativas del plan de medidas
excepcionales para intentar combatir el virus, pero también evidencia la
vulnerabilidad a la que están expuestos algunos colectivos.
Efectivamente,
ya la semana pasada el cierre de centros educativos y universidades era
inminente, aunque la cuarentena todavía no se avistaba. Ahora, ante el estado
de alarma y las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno, solo está permitido
salir a la calle individualmente (exceptuando personas dependientes) y para
necesidades básicas como hacer la compra o ir al trabajo, para aquellas
personas que no tengan la alternativa del teletrabajo. Las autoridades han
advertido que cualquier otra actividad será sancionada y apelan a la
responsabilidad social para frenar el número de contagios y controlar la
expansión del virus.
Así
mismo, el jefe del Ejecutivo Pedro Sánchez, ha anunciado que el Gobierno
movilizará hasta 200.000 millones de euros para afrontar las consecuencias del
coronavirus; 117.000 de fondos públicos y el resto privados, siendo la mayor
movilización de recursos económicos de la historia de la democracia: “Se trata
de un esfuerzo enorme y decidido que responde a la magnitud del desafío social
y económico al que nos enfrentamos (…) No vamos a escatimar ningún esfuerzo. No
vamos a dejar a nadie atrás”.
Justamente
para no dejar a nadie atrás, hay que poner especial atención para ver cómo
afectan estas medidas del estado de alarma a los colectivos más vulnerables y
si, de esta manera, deben o no proponerse nuevas medidas que faciliten estos
días tan largos de cuarentena. De esta manera, es necesario poner especial
atención a las mujeres, siendo uno de los colectivos más vulnerables, como así
lo confirma un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitido en
2007 sobre epidemias y enfermedades infecciosas que señalaba que “los roles
típicos de género condicionan el lugar en el que las mujeres pasan tiempo [la
casa, por ejemplo, con personas dependientes]” y, por tanto, “la frecuencia e
intensidad de la exposición a determinados agentes infecciosos”.
Las mujeres asumen la mayor parte de
los cuidados
El
cierre de centros educativos supone todo un reto para las familias, que deben
asumir el cuidado de los más pequeños. A ello, hay que sumarle el posible
cuidado de mayores dependiente también miembros de la familia, que casi con
certeza, asumirán las mujeres. Según el último informe elaborado por Oxfam
Intermón, las mujeres realizan más de tres cuartas partes del trabajo de
cuidados no remunerado, y constituyen dos terceras partes de la mano de obra
que se ocupa del trabajo de cuidados que sí está remunerado.
Además,
es oportuno recordar la quasi necesidad de los niños y niñas de salir
a la calle a correr, a jugar, a gritar y a interactuar con el mundo, cosa que
probablemente hará de su cuidado algo menos llevadero y que requiera más
esfuerzo y paciencia. Con las personas mayores, que son a los que más afecta el
COVID-19, las familias corren el riesgo de tener un miembro asintomático y así
hacer enfermar a las personas mayores por el contagio del virus.
Justamente
eso complica la conciliación de los cuidados, que de ser asumida por los
abuelos y las abuelas harán que estén más expuestos al virus y su contagio,
dejando en el aire la siguiente pregunta: si no es recomendable que la familia
de mayor edad cuide de los niños y sus progenitores deben trabajar ambos,
¿quién cuida de los niños y niñas?
Por
todo ello, analizar esta crisis sanitaria en clave de género resulta
imprescindible si tenemos en cuenta que la gran parte de los cuidados los
ejercen las mujeres. Pero la asunción de cuidados no solo se produce en el
ámbito familiar y más cercano, sino que también son ellas quienes desempeñan
las funciones de cuidados en el sector profesional (social y de salud) y que
por lo tanto están en mayor riesgo de exposición a enfermedades, deben asumir
más retos y también más desigualdades de género en el acceso a la salud y a la
toma de decisiones.
Es
evidente que todo el sector sanitario que se encuentra en primera línea de
atención pública está sometida a un riesgo para su salud, aunque se descarte el
riesgo de muerte en la mayoría de los casos. Pero hay dos verdades universales:
la falta de medios y la feminización de esos empleos. La falta de medios que es
suplida por el esfuerzo y la resistencia de las trabajadoras y la mayor
presencia de mujeres en estos sectores que las hacen más vulnerables al
contagio.
Profesiones feminizadas: imprescindibles
ante la crisis
Si
vamos más allá del trabajo de los cuidados informales —el trabajo reproductivo
que las mujeres desarrollan en sus hogares particulares—, observamos que las
ocupaciones remuneradas que cobran especial importancia en crisis sanitarias
también son empleos feminizados.
Según
la socióloga e investigadora Marga Torre —especialista en segregación
ocupacional y desigualdades en el mercado de trabajo— de los datos obtenidos de
la encuesta europea EU-Labour Force Suvey de 2018 puede deducirse que para la
ocupación de enfermería —categoría que incluye la titulación de gerocultores o
auxiliares de geriatría, que atienden en centros de día y residencias de
ancianos— se observa que el 86 % son mujeres, frente a un 14 % de hombres.
Aunque
el personal médico también está expuesto, la doctora Celine Grounder
—especialista en epidemiología y enfermedades infecciosas— señalaba en una
reciente entrevista para el New York Times que “las enfermeras tienen niveles
de exposición más altos que los médicos”: “Ellas están mucho más involucradas
en el cuidado de los pacientes, y son quienes realizan los análisis de sangre o
recogen muestras”.
Respecto
a otras profesiones fundamentales para poder cubrir las necesidades básicas y
hacer funcionar el sistema, observamos que, en el caso de España, según los
datos que aportaba Marga Torre, el 71 % del personal de farmacia son mujeres;
el 93 % del personal de limpieza —oficinas, hoteles, casas— son mujeres; y el
84 % de quienes atienden en los supermercados —cajeras— son mujeres.
Así,
la secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO, Elena Blasco Martín, ha
recordado que “Muchos de estos grupos tienen una mayoría de trabajadoras, que
están en especial riesgo debido a la falta de protocolos o equipos de
protección frente al virus. Son los sectores de empleo del hogar, personal de
caja y reponedor en supermercados, personal de farmacias, personal de limpieza,
personal de atención domiciliaria y atención a la dependencia, personal de
seguridad, etc. Es preciso y urgente que tengan a su disposición los equipos de
protección adecuados”.
Protección del empleo
Moncloa
ha anunciado que los ajustes temporales de plantilla se gestionarán a partir de
Expedientes Temporales de Regulación de Empleo (ERTES), que normalmente
provocan el cese de la actividad y en muchos casos, la pérdida de empleo. Desde
CCOO y UGT reclaman al gobierno que tome medidas sociolaborales ante esta
crisis para que, a diferencia de la crisis del 2008, no recaiga en la clase trabajadora.
Por ello, han elaborado un ‘Documento de propuestas conjuntas de las
organizaciones sindicales, CCOO y UGT, y empresariales, CEOE y CEPYME para
abordar, mediante medidas extraordinarias, la problemática laboral generada por
la incidencia del nuevo tipo de coronavirus’.
En
dicho documento, proponen unas medidas comunes para los ERTE: contemplar el
acceso a la protección por desempleo sin exigir periodo de carencia; los
períodos de desempleo consumidos ahora no perjudicarán futuras prestaciones; y
la suspensión de la obligación de pago de las cotizaciones por parte de las
empresas.
Lo
cierto es que el coronavirus ha afectado gravemente a todos los empleos,
especialmente a aquellos con contratos precarios de parcialidad y temporalidad,
que son firmados en su mayoría por mujeres. A esa precariedad, se le añaden
otras amenazas para el empleo de las mujeres que conllevan unas consecuencias
laborales negativas.
Primeramente,
el gran impacto del cierre preventivo de muchos centros de trabajo y empresas
que afecta directamente a muchos sectores, pero especialmente a aquellos
feminizados. Seguidamente, la falta de corresponsabilidad en los cuidados, ya
sea de menores o de mayores. En este sentido, es necesario destacar la demanda
del Documento de Propuestas conjuntas de CCOO y UGT y CEOE y CEPYME, que exige
que “deben deben regularse de manera precisa las vías que posibiliten la
atención de los cuidados de hijos y mayores (primer grado) en las situaciones
descritas ya sea a través de la formulación de nuevos permisos retribuidos o de
nuevas causas de suspensión de la relación laboral cuyos costes, incluidas las
cotizaciones, correrán a cargo del citado fondo de ayudas extraordinarias
garantizando el ejercicio corresponsable.
En
este sentido, la secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO apunta:
“Es importante que se tenga en cuenta en ese fin de evitar despidos y ampliar
protección por desempleo y protección social, para no dejar atrás a ninguna
mujer trabajadora, a las empleadas de hogar, a las trabajadoras discontinuas, a
trabajadoras extranjeras que pueden perder su permiso de residencia pierden su
trabajo, a las contratadas por obra o servicio o en empresas de empleo temporal
o multiservicios, y las que con la caída del empleo estacional ven desvanecidas
sus esperanzas de empleo, en agricultura, hostelería, comercio, etc.
Trabajadoras cuya aportación al sostenimiento de la sociedad muchas veces es
ignorada o minusvalorada, pero que resulta imprescindible para el bienestar
general. La sociedad, el Estado, no pueden dejar a ninguna mujer atrás.
Tengámoslas también en cuenta”
Víctimas de violencia de género: la
situación se agrava en la cuarentena
El
colectivo que más estarán sufriendo la orden de confinamiento en los hogares es
el de las mujeres víctimas de violencia de género que, ahora más que nunca,
deberán compartir espacio y tiempo con su maltratador. Esta convivencia
obligatoria puede aumentar el riesgo de sufrir agresiones, teniendo en cuenta
que, además, la situación en el mundo exterior es de incertidumbre y tensión,
lo que puede agravar la histeria y los conflictos de puertas para dentro.
Por
ello, el Ministerio de Igualdad ha anunciado un plan de contingencia para
prevenir, controlar y minimizar estos riesgos. Para garantizar la asistencia a
posibles víctimas, los dispositivos de atención 24h, la acogida a víctimas en
situación de riesgo, los centros de emergencia, pisos tutelados, alojamientos
para víctimas de trata… etc serán considerados como servicios esenciales.
Además,
el número gratuito de asesoramiento 016 seguirá funcionando con normalidad y ha
pedido a todas las CCAA que den información actualizada sobre los servicios
presenciales y no presenciales que están disponibles para que el 016 no derive
a un servicio que no está operativo.
Por
otro lado, el Ministerio de Justicia ha recordado que los juzgados de violencia
de género seguirán en funcionamiento y realizando los servicios de guardia que
les correspondan, con normalidad, para asegurar la atención a las víctimas.
Pero
las circunstancias especiales del encierro por este virus pueden dificultar que
las víctimas de género pidan ayuda o logren por las vías habituales denunciar
estas situaciones, por lo que el plan de contingencia activará un nuevo recurso
de emergencia para las mujeres en situación de violencia de género, un mensaje
de alerta por mensajería instantánea con geolocalización que recibirán las
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El Ministerio también ha anunciado
que se pondrá en marcha un chat-mensajería instantánea de contención y ayuda
psicológica.
Los
ejemplos de China e Italia han dejado entrever la situación actual tan difícil
de gestionar y sus repercusiones. ONU Mujeres advierte que “las desigualdades
de género empeoran ante cualquier crisis y esto incluye los niveles de
violencia sobre las mujeres”. En China, la experiencia de cuarentena en los
hogares ha impedido que muchas mujeres maltratadas puedan refugiarse en otras
casas y que, por otro lado, acepten la situación de violencia por falta de ayudas.
En
Italia, la magistrada María Letizia Mannella –en declaraciones para la agencia
ANSA- aseguraba haber notado una bajada en las denuncias por malos tratos, y
aunque todavía no hay datos fiables, la convivencia forzada con el agresor
dificulta acudir a las fuerzas del orden para denunciar.
Por
ello, ante este aislamiento de las víctimas de violencia de género con sus
agresores,
el Ministerio de Igualdad del gobierno de España también ha puesto en marcha
una campaña de concienciación contra la violencia de género y de información
sobre el plan de contingencia y la ayuda que pueda prestar. El último aviso de
esta campaña es que si una mujer está en situación de maltrato y quiere
denunciarlo vaya a una farmacia y pida «Mascarilla-19». Así, la
farmacia sabrá que tiene que avisar al 112.
SEM/AmecoPress/nff