Miedo y gandallas
* Terreno para el pánico
Moisés Sánchez Limón
SemMéxico, 19 de marzo 2020.- Infundir miedo entre
la población es, sin duda alguna, un crimen porque éste siempre conlleva el
riesgo de transitar hacia el pánico, incluso prohijado por depositarios de la
representación popular en perjuicio de la colectividad.
Ética y moralmente, aún más, reprobable que en ese
escenario de desconcierto social se tomen decisiones que entrañan un beneficio
sectario, de grupo y personal, acto que se conoce como agandalle, en buen
romance, práctica que en el ámbito político nacional suele ocurrir aunque no
necesariamente en un situación de emergencia sanitaria como la que se cierne
sobre México con esto del COVID-19.
Anoche –miércoles 18 de marzo– se conoció el primer
deceso registrado en el país a consecuencia de ese virus; la víctima es un
hombre de 41 años de edad que, además, padecía diabetes. La Secretaría de
Salud, formal y responsablemente, para no generar confusión, lo confirmó vía tweet
y expresó las condolencias del secretario Jorge Alcocer Varela.
¿Dónde contrajo el virus esta persona? La información
disponible, anoche, refiere que el pasado 3 de marzo asistió, con un
acompañante, a un concierto al Palacio de los Deportes de la capital del país,
presuntamente ahí se infectó. El deceso ocurrió en el Instituto Nacional de
Enfermedades Respiratorias (INER).
Bien que la Secretaría de Salud acompañe
con información oficial este caso porque, debe insistirse, eso inhibe a los
fake news y posibilita evitar que haya precipitaciones y el reguero de una
versión dislocada de verdad que genere miedo y se convierta en terreno fértil
para derivar en pánico. Y entonces sería el caos que nadie, nadie en su sano
juicio desea.
Mal que el licenciado López Obrador
trate con un simplismo que pretende ponerse en línea con la voluntad y opinión
popular, pero linda en la ofensa al sentido común, enhieste una imagen
religiosa para presumir que ésta como otras de otras religiones lo protegen.
Cada quien, con sus creencias,
respetables indudablemente, cada cual con sus supersticiones igual de
respetables. Pero esta pluralidad religiosa, de libre credo constitucional, no
otorga carta blanca a quien fue elegido Presidente de México y que se toma a la
ligera cualquier asunto que no le agrade.
El problema es que tenemos a un
presidente al que sus más cercanos colaboradores pretenden alzar como el
estadista que no es ni el hombre culto que dista un abismo se serlo. Sus
razones tendrá la doctora Irma Eréndira Sandoval Ballesteros para asegurar que
López Obrador es el presidente más culto que ha tenido México.
Quizá por haber estudiado en el
extranjero, la señora de Johnny Ackerman no sabe que ha habido presidentes
cultos e inteligentes, que dicho sea de paso no los curó contra la parentela y
amigotes corruptos. En fin.
Pero bueno, estábamos en este imperativo
de impedir que versiones anárquicas inyecten miedo a la población con esta
pandemia del COVID-19 que ayer rebasó la cifra de cien infectados y crece
exponencialmente sin que ello mueva al señorpresidente
a dejar de blofear y comportarse a la altura de su investidura.
Si él tiene confianza en sus chamanes y
supersticiones, muy sus convicciones y atavismos, pero ello no le otorga
ninguna libertad, por respeto al cargo, para despreciar medidas sanitarias e
informar como dicta el sentido común sin contradecir a los especialistas que
diariamente informan del status de esta situación.
Mire usted, el doctor Hugo López-Gatell
Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, podrá tener
antecedentes que discrepan de su actual proceder y defensas a ultranza del señorpresidente, pero es la voz
autorizada y si no creemos en sus reportes –en sus reportes no en sus deslices
verbales—no hay alguien más, oficialmente, que pueda ser el heraldo de lo bueno
y lo malo que entraña este proceso del coronavirus en sus diferentes fases.
Por eso la importancia de la información
que confirmó anoche la Secretaría de Salud porque se alza como un dique a la
desinformación que se genera precisamente ante la ausencia de respuestas
puntuales, no de regaños y reproches, de acusaciones perversas como aquella de
culpar a los conservadores –López Obrador dixit—de estar apostándole a que las
cosas salgan mal.
Por eso, también, la importancia de los
contrapesos en estos temas para no avivar esa postura mesiánica del señorpresidente que se ríe de lo que
ocurre en los hospitales, de los reportes que llegan del exterior, en una
pueril convicción de que aquí no pasa ni pasará nada, porque se sustenta en una
apuesta, el salto al vacío, a la suerte.
Y la suerte es eso, suerte. Si gana el
lado al que le apostó, sus seguidores le aplaudirán sus críticos le
cuestionarán que juegue con el presente y futuro del país. El tema ya se
politizó y fue el licenciado López Obrador el responsable de dar esa pauta que,
hay que decirlo, la oposición tomó como un reto con la mirada puesta en la
elección intermedia de 2021, por supuesto sin pasar por encima de la prioridad
que demanda atender un problema, grave problema, de salud nacional que está
considerado ya como pandemia.
Agandalle. En esa consideración política, lo ocurrido en el
Congreso de la Unión, este miércoles 18 de marzo, tuvo un subrayado contraste
entre lo políticamente correcto, en el Senado, y el golpe gandalla en la Cámara
de Diputados.
En ambas Cámaras la oposición legislativa
se negó a asistir a la sesión ordinaria. Las bancadas del PT, PES y Movimiento
Ciudadano, con menguada del PRD en el Senado, decidieron asistir a la sesión,
aunque en la negociación el coordinador de la bancada de Morena, Ricardo
Monreal refirió que el problema no trata de la protección de un senador o de
una fracción parlamentaria, sino de proteger a la población.
“Nosotros, como representantes
populares, tenemos la obligación de enfrentar, con el mayor de los éxitos, esta
pandemia que está azotando al mundo”, acotó Monreal y sostuvo que por eso ha
insistido en sesionar, en escuchar el consejo de los científicos y los
técnicos, quienes han asegurado que no es necesario detener actividades, que no
existe la posibilidad de contagio ni de elevar o imprimir velocidad la
transmisión del virus.
Pero, y ese es el punto relevante,
puntualizó que “el día que nos aconsejen concluir las sesiones ordinarias, sin
ninguna actitud de titubeo lo vamos a hacer”.
Elemental la postura de Monreal,
respetable que senadores de oposición hayan decidido no sesionar, pero ese
mensaje no es el mejor que el Legislativo puede enviar a la población que hoy
abriga temores, un paso hacia el miedo y, luego, hierba seca para el pánico.
Así, el contraste, albazo o agandalle en medio de
esta emergencia sanitaria lo dio Morena en la Cámara de Diputados, es decir,
las huestes encabezadas por Mario Delgado Carrillo, que sin notificación previa
ni sesión en comisiones que aprobaran el dictamen, en
fast track aprovechó la ausencia de
la oposición y avaló, junto con sus satélites del PT y del PES modificaciones a
las leyes electorales, para que diputados y senadores puedan buscar la
reelección sin necesidad de dejar sus curules.
Con 254 votos a favor, 20 en contra y
tres abstenciones, Morena se salió con la suya y logró reformas a las leyes
generales de Instituciones y Procedimientos Electorales, y la de Partidos
Políticos, para establecer la elección continua de legisladores federales. Sí,
continua y sin mayor problema.
Mire usted, se dispensaron todos los
trámites, no hubo siquiera dictamen previo y la minuta fue enviada al Senado de
la República, cuyos integrantes podrán ser electos hasta por dos periodos
consecutivos, mientras que las diputadas y los diputados al Congreso de la Unión,
hasta en cuatro ocasiones seguidas, en los términos y condiciones que determine
la ley.
Contrastante mesura legislativa la de
Monreal con la del agandalle de Mario Delgado Carrillo que aprovechó el río
revuelto, una situación de crisis para acarrear agua al molino. El prócer diría
que legalmente es posible pero ética y moralmente condenable. Miedo y agandalle
en tiempos del coronavirus. Cada quien con su cada cual, en el pecado –apenas
acorde con el símil del Niño Fidencio—llevarán la penitencia. Conste.
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