* Responde a la pervivencia de una cultura patriarcal
* Manual para Periodistas Acción por los niños, 2018
Iyamira Hernández Pita*
SemMéxico/SEMlac, 27 de enero 2020.- La noción de
violencia simbólica juega un rol teórico central en el análisis de la
dominación en general, hecha por Pierre Bourdieu, quien la considera
indispensable para explicar los fenómenos vinculados al control y en particular
al control patriarcal.
Por consiguiente, se hace necesario comenzar el
análisis en torno al tema reflexionando sobre la relación que existe entre
violencia estructural y simbólica con la legitimidad y reproducción del control
patriarcal y sus expresiones en las tipologías de la violencia.
Resulta importante referir que la violencia
estructural y simbólica es cultural, responde a la pervivencia de una cultura
patriarcal y cuenta con una representación social vinculada a la masculinidad
hegemónica, a un régimen heterosexual y a las formas de socialización que estos
imponen, donde está presente la dominación de unos seres humanos sobre otros y,
por tanto, la consiguiente subordinación que como modelo universal que se nos
ha enseñado.
Es por ello que, al interior de cualquier relación o
vínculo de pareja, e incluso en cualquier otro tipo de relación e interacción
social, se continúan reproduciendo posiciones de poder que se establecen en la
bipolaridad persona dominadora/persona dominada. Si dimensionamos el término
“persona” con características específicas según construcción biológica,
psicológica y sociocultural, se aprecia entonces su complejidad según
contextos, ideologías, políticas, instituciones sociales y, diría más, en tanto
representaciones, construcciones, significados asociados al cuerpo y el control
represivo sobre este, mediante las reglas sociales.
Señales
Medios de Comunicación en Acción Contra la Trata de
Personas
Manual para Periodistas Acción por los niños, 2018
Este manual busca facilitar un acercamiento integral
a la problemática de la Trata de Personas describiendo no sólo cómo se está
manifestando en América Latina y los contenidos básicos acerca de su definición
y modos de ocurrencia, sino también brindando algunos aportes que contribuyan
al trabajo cotidiano de los comunicadores y en el tratamiento adecuado del tema
teniendo como base el enfoque de los Derechos de los Niños. (Solicite el informe a semlaccu@enet.cu)
Barómetro: En consecuencia, para poder comprender
esta complejidad creí oportuno apoyar el análisis en la noción de violencia
simbólica y estructural de dos teóricos que estudiaron las formas simbólicas
para el ejercicio del poder: Pierre Bourdieu y Michel Foucault, para quienes el
ejercicio del poder y la violencia simbólica son inseparables, porque el
ejercicio del poder guarda una estrecha relación con la dominación simbólica.
Aunque ambos teóricos coincidieron en este aspecto,
realizaron –sin embargo—análisis diferentes sobre el fenómeno.
Según Bourdieu, la violencia simbólica no solo está
socialmente construida, sino que también determina los límites entre los cuales
es posible percibir y pensar; se instaura en las relaciones sociales de forma
amortiguada, invisible, insensible, por los caminos puramente simbólicos del
conocimiento y la comunicación, o más exactamente del desconocimiento, el
reconocimiento o en último término, los sentimientos1.
En otras palabras, se ejerce sin coacción física, a
través de las diferentes formas simbólicas que configuran las mentes y dan
sentido a la acción. Es aquí donde se coloca el por qué naturalizamos e
interiorizamos las relaciones de poder, convirtiéndolas en evidentes e
incuestionables para las personas sometidas. Y explica por qué se ejerce, además,
con la colaboración de quienes la padecen.
Esta construcción teórica y epistemológica permite
dar respuesta a recurrentes cuestionamientos referidos al por qué una persona
inmersa en el ciclo de la violencia, o que este siendo víctima de cualquiera de
sus manifestaciones, sostenga una relación con el agresor que en ocasiones sobrepasa
los 12 años de convivencia.
Esta interrogante no solo es una indagación que
parte de los profesionales que trabajan el tema, sino de todas las personas que
interactúan alrededor de una situación de este tipo.
Es por ello que Bourdieu refiere que no solo se
instaura por los caminos de la comunicación y el conocimiento y ofrece otros
términos, “desconocimiento, reconocimiento y sentimientos” (2).
Durante los talleres de sensibilización y
capacitación para el tratamiento a esta temática se constata la importancia de
las tres últimas terminologías, porque en la praxis con las personas víctimas
de violencia, agresoras y con profesionales, lo primero que se diagnostica son
los vacíos del conocimiento sobre el tema, transversalizados por los mitos y
estereotipos de género que naturalizan estas prácticas. Por tanto, no solo se
necesita llenar estos vacíos, sino facilitar el reconocimiento de la existencia
de la violencia en el entramado de las relaciones sociales, su magnitud en
cuanto a daños y el porqué de su pervivencia.
Pero hay más; Bourdieu alerta sobre la importancia,
no solo de trabajar lo cognitivo, sino de llegar a los afectos, las emociones,
para poder movilizar a las personas, tanto víctimas, agresoras, como
profesionales que estudian el tema en función de promover el cambio.
A diferencia de Bourdieu, Foucault plantea que no
podemos hablar de relación de poder sin que exista una posibilidad de
resistencia; quien se subordina no puede ser reducido a una total pasividad,
sino que tiene la opción de buscar otras formas de responder al poder, tanto de
forma individual como colectiva. De hecho, existen víctimas sobrevivientes de
todo tipo de violencia y un grupo importante de personas comprometidas con las
campañas de bien público, que buscan el cambio desde las buenas prácticas en
materia de acción social, para lograr equidad, justicia social y respeto a la
dignidad humana (3).
Foucault nos alerta sobre la existencia de una serie
de desigualdades en relación al papel de los individuos en la construcción social
de la realidad, donde se ubica la invisibilidad de una serie de desventajas
sociales como la diversidad y pluralidad de las identidades de género, el color
de la piel, la religión, la zona de residencia, la situación de pobreza, entre 1
Hernández, I. (2017) “Prevención y reinserción social de mujeres en doble
condición de victimas – victimarias.
Todo lo cual se coloca en el campo de lo político en
relación con tres términos fundamentales: desigualdad social, cambio social y
poder (otorga importancia al capital cultural, simbólico, económico,
sociopolítico)4.
Foucault ofrece, además, un análisis histórico sobre
los modos en que los seres humanos son constituidos como sujetos, lo que nos
sirve para explicar fenómenos tan aparentemente diferentes como la dominación
personal en las sociedades tradicionales o la dominación de clase en las
sociedades avanzadas, las relaciones de dominación militar, tecnológicas,
cultural, económica, la dominación masculina, las relaciones de dominación que
se establecen en el ejercicio de la sexualidad, o en el ejercicio de la profesión
pedagógica, médica cuando ejerce poder en la persona, entre otras. Y es aquí donde
se conectan con el resto de las tipologías de la violencia, nominalizadas como violencia
económica, sexual (incluyendo todos los tipos de acoso), cultural, laboral, escolar,
ginecobstétrica, con una estrecha relación en cuanto a las representaciones sociales
y significados del cuerpo.
A modo de conclusión, me gustaría referir que el
poder ideológico al que se refiere Foucault, presente en las relaciones de
dominación que se establecen en los comportamientos violentos, y
particularmente en la violencia de género, el castigo toma significado y tiene
como personaje principal e inédito las representaciones simbólicas del cuerpo.
Como bien expresara Bourdieu, la violencia
simbólica, esa que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales
con el apoyo de expectativas colectivas socialmente inculcadas, transforma las
relaciones de dominación y de sumisión en relaciones afectivas; convierte el
poder, en carisma. El reconocimiento de la deuda se convierte en agradecimiento,
sentimiento duradero respecto al autor del acto generoso que puede llegar hasta
el afecto, al amor5.
Esta alquimia simbólica produce un capital de
reconocimiento que reporta beneficios simbólicos, susceptibles de transformarse
en beneficios económicos y esto es lo que Bourdieu llama capital simbólico.
En correspondencia con el análisis que propone el
artículo, se puede inferir que el capital simbólico es una propiedad
cualquiera, fuerza física, riqueza, valor guerrero que, percibida por unos
agentes sociales dotados de las categorías de percepción y de valoración que
permiten percibirla, conocerla y reconocerla, se vuelve simbólicamente eficiente,
como una verdadera fuerza mágica e invisible para el ejercicio del control y en
particular del control patriarcal.
Bourdieu nos ofrece la posibilidad de comprender
cómo emerge, cómo se ejerce y cómo se reproduce el poder simbólico en campos tan
diferentes como el educativo, el lingüístico, el religioso, el científico, el
cultural, el familiar o el político.
Su énfasis en el rol de las formas simbólicas en la
producción y reproducción de las desigualdades sociales resulta uno de los
modos que emplea para distanciarse del marxismo tradicional, el cual subestima,
según él, la importancia de la dimensión simbólica de las relaciones de poder.
En otras palabras, el poder simbólico no se reduce
al poder económico o político, sino que añade su fuerza especialmente simbólica
a esas relaciones de poder. Esa especificidad atribuida a lo simbólico es lo
que establece la diferencia entre la visión de la cultura de Bourdieu y la
visión ortodoxa marxista de superestructura. El ejercicio del poder requiere, en
casi todos los casos, alguna justificación o legitimación que oculte o genere
su carácter fundamentalmente arbitrario.
La dominación simbólica se basa en el
desconocimiento y reconocimiento de los principios en nombre de los cuales se
ejerce. Por todo eso, coincido con Bourdieu en que las revoluciones que cambian
las mentes son tan posibles como las que cambian las estructuras sociales.
* Doctora en Ciencias Sociológicas. Centro Nacional de Salud Mental.
Municipio de Boyeros
1.-Metodología con enfoque de género”. Tesis para optar por el grado de Doctor en Ciencias Sociológicas.
2.- Bourdieu, Pierre y Passeron, J.C. (2002) La reproducción. Elementos para una teoría el sistema de enseñanza. Editorial Popular: Madrid.
3.- Foucault, M. (1975) Vigilar y Castigar. (2003), 7-28.
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